Al escuchar el impulso del tambor
clamo a ti mujer, valeroso amor
como los árboles se pliegan con dolor
ante la ira del viento, brio inspirador.
Te nombro sobre un canto eterno
Tú, magma femenil de candil humano
no hay poder que contenga un volcán enojado
menos un corazón que bese tu alma con tanto ánimo.
Griten con pasión, ella resurge con furor
miren sus pasos iracundos, feroces, temerarios
sus ojos iluminan saberes, transforman los agravios
Ella es feroz, como lira qué acaricia con vesania.
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